viernes, 28 de diciembre de 2007

wacala-lá

Ya es el segundo o tercer día de encierro... mucha importancia no le doy a eso de contabilizar el tiempo cuando estoy de aquí para allí, así que menos importancia le daré ahora que estoy cumpliendo la condena.
Bien, este cuento lo leí en un libro que Michel Foucault escribió basandose en la vida de Joseph Louis Lagrange (¡Sí sí!, el matemático), es muy loco su orígen, pero me parece excelente, espero que les guste:

Cierto día el príncipe de Condeplatonia se despertó contrariado.
Las complicaciones que le hicieron jadear, patear y transpirar durante su displacentera pesadilla provenían de algo más tangible que la imaginación y el libre pensamiento que caracteriza el mundo de los sueños y las pasiones… eran el reflejo de alguna de sus realidades ¿de cuál de todas? De la que él consideraba única.
Seguía despabilándose con esa sensación de malestar ¡qué problema! Si no solucionaba pronto al verdadero problema se sumaría otro problema más: esa noche iba a ser tan mala como la anterior ¡con esto van 3 problemas! Hay que sumar un cuarto problema: averiguar cual es el problema que no lo deja dormir en paz y así siguió multiplicando problemas por un rato con la calculadora de su mesita de luz, que tenía ya algunos números gastados.
Se acercó su lacayo para enterarlo de las noticias llevándole una bandeja con el desayuno. ¡Eran malas! No sabía si lo había leído en el diario o lo había escuchado en una canción de los Beatles, pero el ejército inglés había ganado la guerra… no sabía por que eran malas, ya que esa guerra no afectaba en lo más mínimo a su principado.
El príncipe bostezó y mandó subir los impuestos… dicen que esa noche tampoco pudo dormir bien.
-Señor, las tropas de Plutonia avanzan y son más que las nuestras
-¡Rápido! -dijo desperezándose- recluten más niños. Ellos tienen energía para combatir y lo verán como un juego.
-Ya no tenemos alimentos para proveer al pueblo, mi Señor.
-Recluten más niños, así habrá menos bocas que alimentar
-No basta con eso, Señor…
-Súban los impuestos y con eso compraremos arroz para saciar el hambre popular.
-Hay un movimiento de mujeres en contra de la guerra y el canciller Beaufort nos traicionó, pero por suerte lo atrapamos, Señor.
-Ordénale a todos ellos que se suiciden.
-¿A las mujeres también? Parecen tan indefensas…
-Que se suiciden sólo las más ancianas… prefiero ver rostros lindos y jóvenes deambulando por ahí… menos bocas que alimentar, puedes bajar un poco los impuestos.
(En Condeplatonia la pena de muerte había sido abolida por decreto real a cambio de que el pueblo no se sublevase y derrocase a la nobleza, por eso no existía pena de muerte, sino que se condenaba a suicidio forzoso)
-Señor, hay un malestar popular muy grande debido a la guerra, Señor.
-Al menos no se quejan por hambre y por los suicidios que ordené. Déjamelo a mí, mi inútil consejero.
El príncipe mandó a la guerra a todos los mayores de 6 y menores de 17 años (había algunos de 5 pero eran los más grandotes); ordenó y controló el suicidio del canciller Beaufort y de las mujeres que protestaban; mandó a trabajos forzados a los hombres más fuertes del ducado para evitar que se rebelasen contra é, y confisco sus bienes; subió los impuestos y con lo que recaudó se compró una corona nueva… ¡pero le regaló espejos al pueblo! Repartió muchísimos ese día… eran maravillosos, había de todos los colores, azules, rojos, lilas, ¡había que verlos! Eran como ángeles que sobrevolaban la miseria, querubines que sonaban las trompetas de la alegría. ¡Eran muy importantes los espejos en ese entonces, no se conseguían en cualquier lado!
El príncipe se asomó al balcón y fue ovacionado como nunca. ¡qué feliz era ese pueblo!
Dicen que el príncipe durmió apaciblemente toda la noche.


Já! mentira! es un cuento inédito que escribí hace unos meses y nunca mandé al concurso de cuentos cortos. Como quería que fuese interesante, me colgué de la fama de Miguelito y José Luis para llegar al público (osea ustedes)... técnica de marketing... la sociedad es consumista, lamentablemente, y no puedo abolirme completamente (pese a la psicosis decretada solemnemente por mi madre, que es docta en el tema).
Hasta hoy sólo 3 personas lo hubieron leído: mi papá (que me dijo que intente escribir cosas menos esquizofrenicas), Daiana (una amiga marplatense a quién le agradó) y Pepón (osea yo).
Espero que les haya gustado y que si es bueno, no me lo afane Cohelo para escribir sus proximos 7 libros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

seria fantastico poder derramar opiniones elaboradas y conclusiones brillantes sobre todo esto de los espejos de colores (muy precolombina la referencia), pero como sabés, no me da mucho la cabeza.
asiq solo decirte q cumpli (vos sabes.)
ah, y q me gustó el cuento.

beso grande

Barbarinha